LA GUERRA DE TROYA 1.961 PELICULA ONLINE



Con esta película ya son tres, las versiones de la famosa guerra de Troya narrada por Homero,  añadidas en esta pagina, diferentes unas de otras pero recomendables todas de ver. Esta ultima que aquí os dejamos, perfecta para disfrutar todos en casa. Hasta el mas peque no perderá el hilo de la trama.


 Sinopsis: Es el décimo año de la Guerra de Troya y Aquiles acaba de matar a Héctor, el más noble de los troyanos. A partir de este momento el íntegro Eneas y el mezquino París se disputarán la autoridad en la ciudad sitiada: el primero es el representante del pueblo llano y el otro de la aristocracia. Mientras, en el campo griego, a Ulises se le ha ocurrido un truco infalible para acabar de una vez la contienda.  








LA GUERRA DE TROYA
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BATALLA LAS TERMOPILAS 480 A.C GRIEGOS Y PERSAS, LOS 300 ESPARTANOS

LOS 300 ESPARTANOS

Durante la Segunda Guerra Médica se produjo un épico enfrentamiento (uno más entre los muchos que se llevaron a cabo en aquellos tiempos) en un estrecho desfiladero situado en la confluencia de varias pequeñas naciones griegas.

Este frágil eslabón comunicaba el norte de Grecia (en aquellos tiempos Tesalia era el limite del mundo heleno) con el resto del territorio habitado por los griegos.En su avance, el ejército invasor persa, que pretendía llegar a Atenas y Esparta, debía atravesar indefectiblemente aquella diminuta lengua de tierra. El consejo militar reunido por los griegos libres había decidido en primera instancia defenderse más al norte, en los pasos del Tempe (Entre Tesalia y Macedonia), pero al final, se impuso como mejor y de más factible defensa el paso de las Termópilas. Esta elección entregaba a los tesalios a la alianza persa, pues abandonados por el resto de los griegos se rendirían al invasor, pero al menos sí que era este el lugar mejor dispuesto para llevar adelante la estrategia de contención que habían decidido practicar contra a las innumerables huestes atacantes.

Leonidas, Rey de Esparta.
El Paso de las Termópilas era un largo y estrecho corredor. Delimitado a un lado por las montañas y a otro por el mar, se calcula que llegaba a medir, en su parte mas angosta, unos 15 metros de anchura. Hasta ese momento ninguno de los contendientes conocía una ruta alternativa ni cercana ni lejana por la que eludir aquel lugar de paso, así que sin duda era aquel el punto en el que los griegos detendrían a los persas. Una posición en la que de nada serviría la aplastante superioridad numérica del adversario.
Sin embargo, el plan tenía un punto débil, el mar.


Efectivamente, si bien por tierra resultaba factible causar al invasor más de un contratiempo, las cosas estaban mucho más difíciles en el mar. Al tiempo que los griegos se fortificaban en las Termópilas, la flota estaba obligada a clavar también en el lugar a la ingente flota que acompañaba el avance del ejercito persa.
Foto: Reconstrucción de la zona del paso en donde los griegos esperaron el ataque de los persas. (Livius.org)
Aunque los invasores no hubiesen podido expugnar el desfiladero defendido por los griegos, tarde o temprano la flota aliada tendría que haberse retirado ante las perdidas que día a día sufría en los combates navales.
De todas formas, los dos días que como veremos resistieron los griegos en las Termópilas supusieron un terrible golpe moral para las heterogéneas huestes dirigidas en persona por el rey Jerjes.






LA BATALLA


Decididos los griegos a detener el avance de Jerjes por tierra y mar, se fortificaron en el lugar previsto: el Paso de las Termópilas. Allí, un total de 10.000 griegos se dispusieron a hacer frente al adversario. Las ventajas del lugar ya las hemos expuesto: su estrechez y su, teóricamente, imposibilidad de flanqueo. La escuadra, al mismo tiempo, y posicionada al norte de Eubea, haría otro tanto contra la numerosa flota enemiga.
Cuando tiempo después hizo acto de presencia el imponente ejército del Gran Rey, los griegos dudaron. Los procedentes del Peloponeso se preguntaron si no era mejor retroceder hasta el Istmo de Corinto, en donde se podrían defenderse en masa haciendo uso de todos sus recursos humanos. Sin embargo, esto provocaría la defección de todos los aliados situados allende del Peloponeso. Perdidos para la alianza los tesalios, a causa de su primera retirada en el Paso del Tempe,Leónidas no estaba dispuesto a renunciar a más contingentes helenos además de que, sin duda, la moral y el prestigio de los griegos en general se vería seriamente comprometida por este nuevo repliegue estratégico. Había llegado el momento de la lucha, no habría más retiradas.

Cuando Jerjes llegó ante el desfiladero, ante el que lentamente se iban reuniendo sus ejércitos, descubrió la posición sus enemigos.


Un explorador a caballo se adelantó entonces hasta el Paso tratando de averiguar algo sobre los hombres que lo defendían.

arqueros persas



Los griegos se encontraban apostados en el interior del desfiladero; habían reconstruido deprisa y corriendo un antiguo muro que lo cerraba; allí se defenderían haciendo frente al invasor.



El jinete persa se acerco todo lo que pudo con la intención de observar a los defensores del lugar y de hacerse una idea clara del número de los mismos.
En aquel momento los espartanos se lavaban y peinaban junto a la orilla, cosa que anotó sorprendido el persa, también pudo hacerse una imagen cabal de las dimensiones de las fuerzas griegas, datos todos ellos con los que corrió de vuelta al campamento que los invasores habían establecido más allá de la salida del Paso de las Termópilas.
Para el orgullo del Rey, la descripción del tan poco heterodoxo comportamiento de los famosos espartanos y del exiguo número de las fuerzas totales reunidas por los griegos causo en el mismo una desmesurada confianza.
¿Esos eran los famosos espartiatas, los mejores soldados de Grecia? Defendida la posición por tan pocos hombres despreció a todos ellos. "¡Traedlos a mi presencia!" ordenó . Un fuerte contingente de hombres marchó entonces hacia la entrada del desfiladero.

Y así, lo que a ojos de todos parecía un simple trámite, se convirtió en una autentica pesadilla para los asaltantes: la carga masiva de la infantería atacante se estrelló contra las primeras líneas de hoplitas que se defendían tras el muro focidio (los restos reforzados de la antigua construcción defensiva antes mencionada). Durante toda la jornada, una y otra vez, en masa o en grupos de apenas un puñado de hombres, los valientes medos atacaban hasta caer masacrados por los tenaces defensores. El armamento de los asiáticos -lanzas cortas y escudos de mimbre, además de un arco y un puñal- era del todo ineficaz en la lucha cuerpo a cuerpo contra las largas lanzas y los escudos de bronce que portaban los griegos.
Las formaciones cerradas que los helenos oponían a los asaltantes se demostraban de esta forma absolutamente infranqueables.



Este enfrentamiento se prolongó durante buena parte del día hasta que por fin, después de sufrir innumerables pérdidas, los atacantes se dieron por vencidos y, perdida toda su voluntad de lucha, no tuvieron más remedio que retirarse.
Profundamente contrariado, Jerjes, que observaba detenidamente la lucha desde su posición, ordenó el avance de sus inmortales. No podía permitirse ningún fracaso, por corto que este fuera, y mucho menos a la vista de sus ingentes pero heterogéneas huestes. El ataque, pues, de sus mejores soldados era la mejor opción que podía en ese momento adoptar.

Ya en la lucha, los inmortales, que vieron con impotencia como sus lanzas eran más cortas que las de sus adversarios, sufrieron de nuevo fuertes pérdidas en el combate contra los hoplitas.
Los espartanos emplearon con profusión la táctica de replegarse, simulando una huida, para luego revolverse y, rehaciendo inmediatamente la formación, contraatacar a sus desorganizados perseguidores; añagaza en la que estos caían continuamente y que les hacia sufrir un gran número de bajas a unos soldados, por otra parte, que reemprendían valientemente el ataque una y otra vez.
Al terminar el día, y pese a que las pérdidas griegas habían sido relativamente sensibles, la debacle persa era evidente.


Fue durante esa primera noche, después de una larga jornada de lucha, cuandoLeónidas tuvo noticia de que había un camino de montaña que podía ser utilizado por los persas para flanquearle. Al lugar fueron enviados los hoplitas focidios, 1.000 hombres, con la intención de guarnecer el paso, aunque con la esperanza última de que el enemigo no supiese de su existencia.

Al día siguiente, en cuanto las primeras luces lo permitieron, Jerjes ordenó un nuevo asalto en masa de la posición enemiga reuniendo para ello a los mejores hombres de cada nacionalidad. Tenía la esperanza de que los agotados griegos no soportarían un ataque como el precedente, pero se equivocó. Allí estaban de nuevo las cerradas filas de hoplitas esperando la acometida persa. Durante un nuevo día oleadas de feroces atacantes se estrellaron dramáticamente contra la cerrada formación de los griegos.
Jerjes había amenazado a sus guerreros que de fracasar no tendrían lugar al que retirarse. Cuando los derrotados atacantes volvieron sobre sus pasos recibieron una lluvia de proyectiles de parte de las formaciones persas que se desplegaban fuera del desfiladero. Detenidos así en seco, los asiáticos no tuvieron más remedio que regresar e intentar batir de nuevo a los griegos, cosa que, evidentemente, no lograron.
Fue tal el ímpetu de unos y otros que los espartanos que combatían en primera fila no dejaron que sus compañeros o aliados les relevasen del puesto como era habitual en este tipo de largos enfrentamientos cuerpo a cuerpo.
Después de dos días de lucha continuada el inmenso ejército de Jerjes no había avanzado ni un solo metro. La situación no podía ser más desconcertante para el orgulloso monarca cuando el destino vino a entregarle en bandeja la victoria. La tarde del segundo día del ataque, un lugareño indicó al mismo Jerjes que existía un paso entre las montañas (la llamada senda Anopea) que podía ser utilizado para llegar al otro lado de las posiciones que los griegos ocupaban en el desfiladero. Sin pérdida de tiempo el rey ordenó al persa Hidarnes, a la sazón al frente de los Inmortales, tomar aquella ruta con sus hombres para, al amanecer, confluir desde todos los lados a la vez sobre los defensores griegos.
Cuando los focenses que defendían el paso se vieron aquella noche desbordados por una auténtica marea de persas, se replegaron confundidos hasta lo alto de una colina cercana aunque no sin enviar a la retaguardia en las Termópilas un emisario con la terrible noticia. En principio trataban los focenses de ganar tiempo atrincherándose en una posición fuerte, pero en realidad lo que hicieron fue dejar involuntariamente el camino libre a los persas que, sin dudarlo un momento, les dejaron inteligentemente de lado y prosiguieron con su avance en dirección al desfiladero.



LEÓNIDAS Y LOS TRESCIENTOS ESPARTANOS




Las nuevas del avance del persa por las montañas llegaron pronto a Leónidas. Reunidos los líderes griegos a la luz de las antorchas, resolvieron que toda resistencia era inútil y que la posición debía ser evacuada en ese mismo instante, aprovechando la oscuridad. Y eso fue lo que hizo la mayoría: todos menos los espartanos. Leónidas consideró que su deber y el prestigio de su patria le obligaban a mantenerse defendiendo la posición hasta el final. Su decisión fue imitada por los tespieos y los voluntarios tebanos, en total, y como mucho, unos 2.000 soldados.
Durante aquella difícil noche, y mientras las ultimas columnas de los griegos en retirada se perdían en dirección al sur, alguien propuso a Leónidas el pasar al ataque.
Por qué no aprovechar la oscuridad y la segura confianza con la que los persas acampaban más allá del desfiladero para penetrar súbitamente en sus posiciones, buscar la tienda del rey (a buen seguro fácilmente localizable) tomarla al paso y acabar con su vida? Muerto el Gran Rey sin ninguna duda que su ejército se desharía como un azucarillo en el agua.
Leónidas no dudo mucho. Había todavía tiempo para realizar aquella hazaña, puesHidarnes y sus tropas a buen seguro no llegarían desde las montañas hasta el amanecer. Era sin duda el mejor plan posible y, también, osado y glorioso.

Saliendo del desfiladero, el rey espartano desplegó sus unidades y ordenó el avance sobre el campamento del enemigo. Lo último que podían esperar los persas era este desesperado contraataque y, sobre todo, la intención final del espartano, que era llegar hasta la misma tienda del rey para acabar con él. En formación cerrada los griegos irrumpieron en el inmenso campamento persa. El combate cuerpo a cuerpo se generalizó por doquier y en su empuje los espartanos llegaron hasta la misma tienda de Jerjes: vacía. Momentos antes el Gran Rey había sido prudencialmente alejado del lugar.
Mientras la noche cubría el campo, el combate se convirtió en una espantosa matanza para los persas y sus aliados. En la confusión unos a otros, aliados con aliados se despedazaban mutuamente sin saber bien lo que ocurría ni contra cuantos enemigos luchaban.
Finalmente con las primeras luces del día los persas pudieron hacerse una idea cabal de lo que ocurría y del número de los griegos infiltrados. El contraataque no se hizo esperar.
Rebasados por todos los lados y ante la inmensa superioridad numérica del enemigo los griegos fueron lentamente exterminados, cayendo buena parte de ellos en la lucha; Leónidas murió allí mismo, y sobre su cadáver se recrudeció el combate. Finalmente, el anuncio de que el persa Hidarnes desembocaba ya al otro lado del desfiladero provocó la retirada ordenada de los últimos supervivientes; grupos de tespieos y espartanos que codo con codo se replegaron de nuevo sobre las Termópilas, pues sus otros aliados, los tebanos, optaron por rendirse y entregarse allí mismo a los persas.


En una especie de túmulo existente poco más allá de las posiciones del muro focidio, los griegos se apiñaron juntando sus escudos en un intento vano de defenderse de la lluvia de flechas que los rabiosos persas lanzaron ahora y desde todas direcciones sobre ellos. De esta forma, sin cruzar ya las espadas, los últimos griegos de las Termópilas cayeron en la lucha.

Entre tanto, no lejos de allí, en Artemisio, las noticias de que las Termópilas habían sido expugnadas, condujo inevitablemente a una rápida retirada de la agotada flota griega que cerraba en aquel lugar el paso a la escuadra persa. En su repliegue la flota griega llegó al fondeadero de Salamina, frente a la misma Atenas.
Las puertas de Grecia quedaban así abiertas al invasor.




DOS SUPERVIVIENTES





De todo el contingente espartano solo dos hombres sobrevivieron a la derrota. Los dos, enviados a Esparta poco antes por el rey para informar de sus últimas resoluciones, fueron acogidos en su patria como cobardes. Si bien en realidad no tenían culpa alguna, sufrieron injustamente el rencor de sus compatriotas, y hasta tal punto fue así que uno de ellos decidió poner fin a su vida suicidándose. El segundo, deseando resarcirse ante sus conciudadanos, lucho en la batalla de Platea, en donde murió.
Era habitual entre los griegos elegir, tras la batalla, al combatiente mas arrojado en la lucha. En Platea, a decir de los testigos, fue este joven el más valiente de entre todos los espartanos, aunque también dijeron que busco abiertamente la muerte en el combate, lo que invalidaba su merito.
El último de las Termópilas caía así frente al enemigo aunque esta vez su sacrificio no fue en vano, pues los persas fueron derrotados en aquel lugar de una manera absoluta y definitiva.






Notas.
(1) Las cifras son siempre relativas. Los griegos casi nunca contabilizaban a los auxiliares. Solo los hoplitas merecían ser tenidos en cuenta, y de este número aproximado de 10.000 hombres unos 3.100 serían hoplitas. Soldados armados de escudo de bronce y lanza pesada. Las tropas ligeras (honderos, jabalineros y demás) en realidad no eran oponentes para los persas, todo lo contrario que los hoplitas.

(2) Los contingentes medos y cissios. Eran estos, los medas, los principales protagonistas de la derrota en Maratón, siendo el mismo Datis, comandante en jefe de aquella desafortunada expedición, de origen medo. Jerjes les proporcionaba, de esta forma, la posibilidad de vengar tan humillante afrenta.
No me cabe duda de que con la absoluta anuencia de los lideres de este contingente, pues como soldados eran valientes, aunque su armamento y mando, posiblemente, dejaba mucho que desear.

(3) Se llamaban Inmortales porque cualquier baja entre sus filas era inmediatamente cubierta por un nuevo recluta. Eran todos persas y en número de 10.000.
(4) Los griegos no se habían parapetado tras el Paso más angosto del desfiladero. Tal estrechez era perjudicial tanto para griegos como para persas, ya que en ese caso ninguno de los dos bandos podría hacer rotar a sus combatientes, cosa que era absolutamente indispensable en un tipo de lucha, cuerpo a cuerpo, como lo era aquel. Al desplegarse en una zona más amplia, la del muro focense, los griegos podían presentar un frente más extendido, lo suficiente como para permitir evolucionar tácticamente a sus filas. Las tácticas espartanas como vemos requerían de una cierta capacidad de movimiento, con una retaguardia abierta y espaciosa en donde retroceder y revolverse.

Con el paso de los siglos, la tierra ha ganado espacio al mar. Ahora, no existe ningún Paso, y sí una extensa lengua de tierra de varios kilómetros de extensión entre las montañas y el mar. Todo ese espacio cultivado que aparece en la foto es el terreno gracias a los, ya milenarios desde entonces, depósitos aluviales del río Esperqueo.

(5) Los tebanos se quedaron en el lugar quizá porque se habían autoexiliado de su patria al escoger luchar del lado de los griegos. No tenían a donde regresar. La oligarquía tebana se había alineado con los persas y consecuentemente esperaban la llegada del Gran Rey para pasarse con armas y bagajes a su bando.

(6) Adoptamos aquí la versión de Diodoro como más lógica. De haber atacado con las primeras luces del día, habrían sido vistos a tiempo por los persas y, al menos, les habría sido más fácil calibrar las dimensiones de la amenaza. La confusión inicial en el campamento persa es sin duda a causa de la oscuridad reinante. Otros ejemplos nos da la historia, como por ejemplo el ataque nocturno de Escipión contra Asdrúbal Giscón y que ahora se me viene a la mente.
(7) La flota griega había sufrido un serio desgaste en las operaciones navales. Estaba condenada a una retirada más pronto que tarde, por lo que aunque los griegos hubiesen resistido firmemente en las Termópilas, deberían haber abandonado la posición tras el repliegue de su flota.
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TROYA 2004 CINE ONLINE



TROYA 2004

Troya es una película de 2004, del género épico, dirigida por Wolfgang Petersen, protagonizada por Eric Bana, Orlando Bloom y Brad Pitt en los papeles principales, cuyo argumento está basado en la Ilíada de Homero, pero incluye material de la Eneida de Virgilio, además de otras fuentes, así como incluye también completas divergencias del mito.

Cuenta una historia protagonizada por Héctor, Paris y Aquiles, en la cual se enfrentan los troyanos y los helenos. Estos últimos consiguen sobrepasar las murallas de Troya gracias a un gran caballo de madera, denominado "caballo de Troya".

AQUILES

Resumen

La película comienza con una disputa entre los ejércitos de Agamenón y el rey de Tesalia. Agamenón y el rey acuerdan resolver la batalla enfrentando a los dos hombres más fuertes de cada ejército. Es entonces cuando llaman a Aquiles, el mejor guerrero de las filas griegas. Aquiles y Boagrius, el mejor de Tesalia, comienzan la lucha, ganando Aquiles con facilidad, pero dejando notar que lo hizo no por órdenes de Agamenón sino para ser recordado.
Luego, en Esparta, el rey Menelao celebra una fiesta con los príncipes de Troya: Héctor y Paris . En medio de la fiesta Paris entra en la habitación donde se encuentra Helena, reina de Esparta, sigilosamente y le pide que vaya con él a Troya, ya que no deben temer a Menelao. Al siguiente día Héctor, Paris y otros troyanos regresan en un barco por el mar Egeo, entonces Paris le confiesa a su hermano mayor que ha traído a Helena consigo. Héctor se molesta con la decisión pero opta por llevar a Helena, porque no tenía otra alternativa si el daño estaba hecho.


Mientras tanto en Esparta, Menelao pide ayuda a Agamenón para recuperar a su esposa. Agamenón acepta, pero el solo acepta por su ambición de poseer Troya. Néstor, amigo de Agamenón, le aconseja que lleve a Aquiles para asegurar la victoria. Odiseo (o Ulises según la versión romana) convence a Aquiles de ir a la guerra, con el propósito de alcanzar la inmortalidad. Aquiles va a la guerra junto a su primo y aprendiz Patroclo y sus leales mirmidones.


Al día siguiente, Príamo, rey de Troya, recibe a Helena como princesa de Troya. Pero es muy tarde para hacerla volver. El ejército griego llega con un millar de barcos a las playas de Troya, pero Aquiles es el que ataca primero, y con sus mirmidones, pero sin Patroclo, toma la playa mata a los sacerdotes y saquea el templo de Apolo.

Héctor llega con la caballería y se sorprende al ver las habilidades de lucha de Aquiles. Aquiles decide perdonarle la vida a Héctor, y le deja ir. Más tarde Aquiles en su campamento recibe a Briseida, una esclava troyana y servidora de Apolo, pero él es llamado por Agamenón. Ya en el campamento de Agamenón, el rey se adula a sí mismo como el responsable de tomar la playa de Troya, y para colmo se queda con Briseida. Aquiles enfurecido esta dispuesto a matar a Agamenón, pero es detenido por Briseida, es entonces cuando él decide no pelear más.


Cuando amanece el ejército griego se prepara para derribar las murallas, pero antes de eso Paris reta a combate a Menelao por el derecho a Helena y a Troya. Menelao acepta y vence a Paris con facilidad, pero antes de morir Paris huye y es rescatado por Héctor, quien mata a Menelao, porque no podía dejar que su hermano muriera. Agamenón se enfurece y ordena atacar, pero los griegos están demasiado cerca de las murallas y de los arqueros. Héctor en medio de la lucha se encuentra con un soldado inmenso, robusto y musculoso llamado Áyax el Grande. Héctor vence en su lucha, lo que baja la moral al debilitado ejército griego. Odiseo le aconseja a Agamenón que ordene retirada antes de que se quede sin ejército. Los griegos retroceden y la batalla termina. En la noche Odiseo le reclama a Agamenón que se reconcilie con Aquiles para no ser derrotados mañana. Agamenón le devuelve a Briseida a Aquiles, quien la toma y la lleva a su campamento. Aquiles se enamora de ella, y la trata bien, Briseida llega a entender a Aquiles y también se enamora de él, ambos deciden pasar juntos la noche y retirase de Troya al día siguiente.


Los troyanos, convencidos de que la moral griega está por los suelos, deciden atacar el campamento griego en la madrugada. Los griegos asustados huyen y hacen alboroto ante la fuerza de los troyanos. Pero entonces aparecen los mirmidones seguidos de la figura de Aquiles, Héctor los ve y se encuentra con el guerrero, que tiene la cara oculta tras el casco. Héctor decide luchar con él, creyendo que es Aquiles, pero en un instante le corta el cuello, los troyanos gritan de euforia, pero los griegos se quedan anonadados ante tal suceso. En ese momento Héctor le quita el casco al hombre y descubre que es Patroclo. Héctor y Odiseo acuerdan una tregua. Eudoro despierta a Aquiles en su campamento y le comunica la terrible noticia, enfureciéndolo sin querer. Por otra parte Héctor le enseña a su esposa Andrómaca un túnel secreto que conduce a las afueras de Troya.

HECTOR Y PARIS

Después, en la mañana, Aquiles llega solo frente a las murallas y llama a gritos a Héctor. Héctor se despide de su familia y sale a enfrentar a Aquiles. La lucha es pareja, pero luego Héctor pierde ventaja y es alanceado por Aquiles. Aquiles ata los pies de Héctor a su carro y se lo lleva arrastrándolo a su campamento.
Por la noche Príamo en persona entra al campamento de Aquiles y le ruega que le devuelva a su hijo besándole las manos. Aquiles accede y le entrega a Briseida junto con 12 días de tregua.

EJERCITO GRIEGO TOCA COSTA EN TROYA

Doce días después los troyanos revisan el campamento griego y lo ven abandonado excepto por un gigantesco caballo de madera, que dice ser una ofrenda a Poseidón. Príamo decide hacer entrar el caballo a la ciudad para festejarlo. Más tarde, por la noche unos soldados emergen del caballo y abren las puertas de Troya dejando pasar a 4.000 soldados griegos. En plena destrucción Aquiles busca a Briseida por toda la ciudad, Andrómaca se lleva a Helena por el túnel secreto, pero Paris decide quedarse y le entrega la espada de Troya a un joven ciudadano llamado Eneas, los griegos saquean los templos de Troya y Agamenón asesina al rey Príamo por sorpresa.

HECTOR ACEPTA EL RETO DE AQUILES

Briseida que estaba en un templo, es encontrada por Agamenón. Ella le clava un cuchillo en el cuello, derribándolo. Aquiles por fin la encuentra y se abrazan, pero en ese instante aparece Paris y dispara una flecha contra Aquiles acertándole en el talón. Aquiles sin poder caminar recibe tres flechazos más de Paris, entonces agonizando se despide de Briseida, quien huye con Paris. Mientras huyen, los soldados griegos los encuentran y deciden cremar a Aquiles al siguiente día.

Curiosidades
  • Aunque en pantalla llegan a aparecer 50.000 soldados al mismo tiempo, en realidad sólo hay 1.500 extras «de verdad». El resto están creados por ordenador. Entre los verdaderos hay unos 250 levantadores de pesas búlgaros reclutados en una academia deportiva de Sofía a los que ponían en primera fila para que en los planos cortos las tropas parecieran más impresionantes.
  • Durante el rodaje tuvieron que trasladarse a Los Cabos (México) después de que los productores consideraran Marruecos demasiado peligroso por su proximidad a zonas bélicas.
  • Durante la filmación en Malta, el extra George Camilleri falleció debido a las heridas sufridas después de caer desde lo alto de un galeón.
  • En la escena de la toma de la playa cuando de enfoca desde abajo a Aquiles (Brad Pitt) se puede apreciar por unos segundos un avion despegando.





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PUERTAS DE FUEGO STEVEN PRESSFIELD, GATES OF FIRE



PUERTAS DE FUEGO, STEVEN PRESSFIELD



Quizás el libro mas famoso destacado en la edad antigua, épico como ninguno y en el cual todos los críticos y lectores, han estado de acuerdo en su éxito, dentro de las librerías.
Todos los que hemos leído Puerta de Fuego, la primera reflexión que nos viene a la cabeza seria,, y esto no lo han llevado al cine de manera adecuada?, luego vino la película 300, del gran Frank Miller [si olvidamos Spirit], en la cual acuchillaban alguna frase como la que dice Dienekes;

Se dice que, en la víspera de la batalla, un tracio le contó que los arqueros persas eran tan numerosos que cuando lanzaban sus andanadas la masa de flechas ocultaba el sol. Dienekes, sin embargo, en modo alguno intimidado ante la perspectiva, comentó con una carcajada Bien, así podremos luchar a la Sombra. [El Historiador Herodoto].

300
De momento, aunque 300, tenia su aquel y desde un primer momento quiso ser fiel al comic y olvidarse en demostrar cierto rigor histórico, cosa que se agradece para no confundir al espectador, todos esperamos con ansia una recreación en condiciones de esta historia legendaria, quizás la muestra mas valerosa por un grupo de hombres, donde hasta el propio Aquiles de seguro, hubiera llorado por no estar allí.

Para el 2011 en IMDB, se haya publicada esta fecha para la película, como con Aníbal, nos tocara esperar….

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